La Historia, esa gran desconocida.

En esta ocasión, y espero que no os importe, hablaré en primera persona, ya que el tema que quiero tratar es una opinión personal.

Como creo que os ha sucedido a casi todos en algún momento de vuestras vidas, la Historia era una de mis asignaturas más odiadas. El profesor se sentaba detrás de la mesa, daba una retahíla interminable de fechas, nombres y datos y se marchaba esperando que lo escupiésemos todo en el examen, casi como si fuésemos máquinas. Estudiar todo aquello era un verdadero aburrimiento y las notas no siempre eran las mejores.

Cuando comento con alguien que estoy estudiando Historia, independientemente de su edad o sexo, la respuesta siempre es negativa. “Menudo rollo, ¿no?”. Y no puedo quitarles la razón; en la carrera la mayoría de docentes continúan impartiendo clase como en el colegio o el instituto, sin ningún grado de implicación con los alumnos; los historiadores se han ganado a pulso esta repulsión por parte de la población.

Pero, ¿qué hizo que me interesase tanto por la Historia?

Ante todo quiero aclararos algo: la Historia tiene una gran importancia para todos nosotros. Puede que no os hayan sabido transmitir esta relevancia y que casi todo os suene a personas que murieron hace mucho e hicieron cosas que a vosotros no os afectan, pero os equivocáis.

Hace unos años un estudiante de Medicina me dijo que veía la Historia como una disciplina inútil, especialmente frente a su carrera, con la que se salvan vidas. Yo le respondí lo siguiente: “La Historia es la Medicina de los pueblos. Vosotros conocéis las enfermedades y buscáis síntomas en los pacientes para identificarlas y combatirlas. Nosotros conocemos los patrones en las sociedades, porque la Historia es algo cíclico, y podemos tratar de curar las heridas de la gente”.

Quiero que comprendáis esto: todo lo que sucede en la actualidad, cada problema e, incluso, los rasgos que caracterizan a  vuestras culturas, no podrían entenderse sin la Historia. Y todo esto nos afecta diariamente. En el caso de los españoles, por ejemplo, la cuestión más candente es el desafío independentista de Cataluña y todos queremos opinar sobre él sin comprenderlo. Si el grueso de la población, tanto catalana como española, conociese mejor su propia historia sería mucho más sencillo ser comprensivos y llegar a un acuerdo en lugar de odiar sin sentido. ¡Y ya ni hablemos de la manipulación por parte de los gobiernos! Sería mucho más complicado engañarnos.

Con todo esto solo quiero decir que la Historia no es una ciencia inútil o contemplativa. ¿Por qué desenterramos el pasado? Para entenderlo. Y, si comprendemos lo que ha ocurrido antes de nosotros, podremos entender mucho mejor lo que está por venir.

Y, en realidad, la Historia puede llegar a ser muy interesante. Seguro que a todos os gustan las películas o las novelas, pues la Historia no solo es como una de ellas, ¡y además es real!

Entonces, si vemos que en realidad la Historia es divertida, instructiva y necesaria, ¿por qué la odiamos tanto? El problema, obviamente, es de los profesionales. Por un lado tenemos a los catedráticos, que suelen estar más interesados en sus logros personales y en compartirlos con otras personas de su mismo rango para ser alabados que por transmitir esta información; si la población no puede compartir lo que estudiamos, ¿para qué servimos? También tenemos que tener en cuenta a los profesores, que normalmente se limitan a dar clases aburridas y muy teóricas. Existe un fetiche por el dato que está arruinando la Historia. Cualquiera puede buscar en internet en que año comenzó la Guerra Civil española, no necesitamos aprenderlo de memoria, pero no todos pueden explicar qué sucedió y por qué. Aquí es donde, en mi opinión, se equivocan la mayoría de historiadores. Si la Historia se explicase buscando transmitir las ideas principales, los conceptos y los procesos en lugar de los nombres, muchas más personas estarían interesadas en ella y la comprenderían.

Es una lástima que, por todo esto, la Historia pueda manipularse tan fácilmente por parte de políticos y otros caraduras para conseguir “demostrar” sus propias tesis y engañar a la población. De esta manera estamos consiguiendo que existan opiniones fundamentadas en mentiras o interpretaciones dudosas y que muchos autores amateurs se estén llenando los bolsillos escribiendo “libros de Historia” de dudosa veracidad que son la única fuente de información para mucha gente (si los profesionales se molestasen en escribir libros en un lenguaje comprensible a lo mejor la cosa cambiaba).

En mi caso, y espero que pueda motivaros a vosotros también, lo que hizo que me interesase por la Historia fueron las clases de dos maravillosas profesoras de mi instituto, que estaban muy interesadas en hacernos pensar sobre lo que nos enseñaban y conseguir que lo comprendiésemos, y los videojuegos. Puede que esto último resulte un poco extraño para algunos, pero creo que no soy la única que se ha acercado a la Historia a través de los juegos (o que ha aprobado un examen gracias a ellos).

Ojalá con este blog consiga acercar a unos cuantos a esta maravillosa aventura que es la Historia, porque hay muchas vidas que vivir a través de ella, muchas cosas que aprender e infinidad de maneras de pensar opuestas a la nuestra pero que nos aportarán siempre algo nuevo.

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Un comentario sobre “La Historia, esa gran desconocida.

  1. Me ha gustado (e interesado) mucho tu tema y realmente has hecho que lo vea todo de forma distinta y realmente lo he pensado y he dicho ”pues oye, tiene razón” en definitiva, estoy totalmente de acuerdo contigo.

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